miércoles, 11 de febrero de 2009

ESOS FANTASMAS. Por Juanan y Clara.


">Ella caminaba arrastrando sus pesados encajes por el Paseo de las Laderas. Alma en pena perdida. Y tras ella se dibujaban en la arena surcos curvos, sin aristas ni arañazos. Las otras borraban sus huellas con brisas rencorosas y nosotros éramos las pisadas que borraban las huellas de sus encajes. Sólo eso, nada más.

Cuando los fantasmas necesitaban llorar, se acercaban a ella, y por poco menos de dos maravedíes podían llorar a gusto.

Ella no tenía cuerpo y arrastraba sus encajes al pasar. Ellos la imaginaban llorando. Miraban ansiosos verla llorar.

Como no tenía cuerpo vendía su alma.

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-En Alburquerque pasan cosas extrañas. Es un pueblo muy viejo, rebosante de días que se fueron y gente que pasó. Este es un pueblo lleno de fantasmas.

-¡Anda ya, chacha! No me digas ahora que tienes el Sexto Sentido.

-¡Que no! Yo sólo creo en lo que veo.

-¿Has visto un fantasma?

-Bueno, no exactamente…

-¡Ah! ¿Qué es entonces lo que viste?

-Quesos volando.

-¡No jodas, Manoli!

-Como la oyes… Ayer mismo tuve que agarrar uno al vuelo cuando el muy sinvergüenza tomaba camino de la puerta.

-Me tomas el pelo.

-No.

-¡Venga ya, Manoli! Se te está yendo la cabeza. ¡Parece mentira, hija! ¡A tu edad!

Parece una buena chica. Creo que si supiera el hambre que paso no me quitaría de nuevo el queso. Yo le contaría mi historia, no creo que después fuera capaz de negarme este deseo. Le contaría los tiempos en que vivía, el hambre y la pena, la desesperación de no tener nada que llevarse a la boca. Ella lo comprendería. Si, realmente parece una buena chica. Le hablaría del viejo pozo y de la luna reflejándose en sus aguas. Le hablaría de noches largas con las tripas pidiendo a gritos un poco de justicia. Estoy segura que comprendería porque vi un queso donde sólo había una luna. Y que me sorprendiera la muerte pensando que nadaba hacía él. Pero no puedo contárselo, las cosas son así. Los vivos se esforzaron mucho por olvidar el lenguaje de los muertos. Yo lo comprendo. Al fin y al cabo una vez estuve viva. Si ella pudiera escuchar mis lamentos, oler mi hambre o sentir mi aliento vacío, puede que comprendiera que aún no he perdido la esperanza de comérmelo.

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Lleva quinientos años arrastrando la hipoteca de sus cadenas.

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- 20 años llevo con Jonás…….¡aguantándolo!, veinte años que se dice pronto, después de la luna de miel en Marvao, nuca más volvió a darme aullidos por la noche, ni resoplidos fríos en mis orejas!, ¡¡nada de nada!!, ¿Cómo crees entonces que no me iba a liar incluso con el espíritu del Rey loco de Azagala?, y este fantasma que tengo por marido ¡va y se enfada!,

- ¿y cómo se enteró? ¿Si el rey loco de Azagala es invisible y por ser rey tiene el privilegio de penar sin cadenas?

- Porque en el fondo también es un fantasma, y le gusta hacerme creer que tiene orgasmos como cuando era un hombre. Soltó un estrepitoso grito cuando fantaseaba con que yo tenía de nuevo tetas.

- No me digas más, y tu marido estaba también en la cama….

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- ¡Ringgggggggg!

(666)

- ¿666? ¿Quién es?

Silencio. No podía hablar. Ni manifestarse por medio de telequinesia. No podía formar ectoplasma, no tenía una sábana blanca ni arrastraba cadenas.

Era solo eso, tres números y una llamada.

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Había pasado con él toda su vida, pero seguir a su lado toda la eternidad le pareció excesivo, por eso se quedó penando.

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-¡Penando me tienes, hijo mío! ¿Cuándo será el día que bajes del castillo?. Ya son más de 500 años entre mis faldas, tus amigos hace tiempo que agarraron sus sábanas y sus cadenas y se fueron a ver mundo. Mira lo que cuentan de Jonás, hace cien años que se estableció en Piedrabuena… y conoció una buena fantasma con la que aullar juntos a la luna, y tú que sigues a la de los encajes, lloriqueando y apagando velas, mirando embobado cómo pasea por las laderas.

- Madre, cualquier día llorarás mi ausencia, ya conoces mi trauma, fueron miles de sesiones para que los entendieras, sabes que tengo miedo a morir de nuevo, que eso me paraliza entre estos muros.

- No quiero volver a esta conversación, lo sabes de sobra, ya estás muerto, y aquel viento de hierro que te pasó por encima no te mató ni te matará otro si sales, son coches, hijo, ¡coches! Y tú ¡estás muerto! Y además hay semáforos. Y deja el móvil de una vez!

Maldita la hora en la que decidí quedarme y no seguir los pasos de tu padre.

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